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Calzado de seguridad en la empresa: más que un requisito, una barrera contra accidentes

Calzado de seguridad en la empresa: más que un requisito, una barrera contra accidentes

En muchas empresas, el calzado de seguridad se ve como “otra obligación más” dentro de la dotación. A veces se entrega porque la ley lo exige, se firma el recibido y el tema se da por cerrado. Pero detrás de un par de botas de seguridad hay algo mucho más importante: una barrera directa entre los riesgos del trabajo y la integridad del trabajador.

Los pies están expuestos a caída de objetos, aplastamientos, perforaciones, descargas eléctricas, superficies resbalosas, altas temperaturas y más. Elegir el calzado de seguridad correcto no es un detalle estético ni un simple requisito; es una decisión que puede marcar la diferencia entre un incidente menor y un accidente serio.

 


 

1. La seguridad en los pies: el riesgo que muchas veces se subestima

1.1. Por qué los pies están expuestos en casi todas las actividades laborales

Desde una planta industrial hasta un centro de logística o una obra de construcción, los pies están siempre “en primera línea” frente a muchos riesgos. Es fácil enfocarse en casco, gafas o guantes y olvidar que cada paso se da sobre superficies que pueden estar mojadas, sucias, llenas de restos de materiales, clavos, cables o herramientas. Incluso en labores de mensajería o conducción, los pies están expuestos a impactos, tropiezos y condiciones cambiantes del terreno.

1.2. Accidentes que podrían evitarse con un calzado adecuado

Muchos accidentes se originan en algo tan simple como un pie mal protegido: un objeto que cae sobre el empeine, un clavo que atraviesa una suela inadecuada, un resbalón en una superficie contaminada o una descarga eléctrica que encuentra un calzado sin propiedades dieléctricas. En varios de esos casos, una bota de seguridad adecuada al riesgo habría evitado la lesión o reducido significativamente su gravedad. Por eso decimos que el calzado es más que un requisito: es una verdadera barrera contra accidentes.

 


 

2. ¿Calzado de seguridad solo por requisito legal?

2.1. De la obligación al convencimiento

En muchas organizaciones, la conversación comienza así: “Toca entregar botas porque la norma lo pide”. Sin embargo, el enfoque cambia por completo cuando el área de SST y la empresa entienden que el calzado no es solo para “no tener un comparendo”, sino para proteger a las personas reales. Cuando se pasa de la lógica de “cumplir” a la lógica de “cuidar”, la decisión sobre qué calzado entregar se toma con más criterio y responsabilidad.

2.2. El calzado como barrera directa entre el trabajador y el riesgo

La bota de seguridad es, literalmente, una capa que se interpone entre el usuario y el riesgo. Su puntera se interpone entre el pie y el impacto; su suela se interpone entre la planta del pie y clavos, esquirlas o superficies resbalosas; sus propiedades dieléctricas se interponen entre el cuerpo y una posible descarga eléctrica. No es un accesorio más del uniforme: es una pieza clave del sistema de protección personal.

 


 

3. Principales riesgos que afectan a los pies en el trabajo

3.1. Impacto, compresión y objetos que caen o ruedan

Uno de los riesgos más comunes es el impacto de objetos que caen sobre el pie o que lo aplastan, como herramientas, piezas, cajas, tambores, carros de carga o montacargas. En estos casos, la puntera de seguridad (en materiales como policarbonato o acero) está diseñada para absorber y resistir fuerzas de impacto y compresión, reduciendo el daño al pie. Sin ese refuerzo, el empeine queda expuesto y cualquier golpe puede convertirse en una lesión importante.

3.2. Riesgo dieléctrico, punzante y altas temperaturas

Además del impacto, existen otros riesgos específicos. El riesgo dieléctrico aparece cuando el trabajador puede estar expuesto a corriente eléctrica o equipos energizados; aquí se requieren botas con propiedades de aislamiento, sin partes metálicas que conduzcan la electricidad. El riesgo de punzón está presente cuando hay clavos, vidrios, esquirlas o elementos cortopunzantes en el piso; en este contexto se necesitan botas con entresuela antipunzón. También hay entornos de altas temperaturas, chispas o metal fundido, donde el calzado debe resistir calor, proyecciones y contacto con superficies calientes. Cada uno de estos riesgos exige un calzado distinto.

 


 

4. Tipos de botas de seguridad según el riesgo

4.1. Botas dieléctricas: protección frente a riesgo eléctrico

Las botas dieléctricas están diseñadas para quienes trabajan cerca de instalaciones eléctricas, tableros, equipos energizados o redes. Estas botas suelen tener puntera no metálica, ojaletes plásticos y materiales que ayudan a aislar al usuario del suelo, reduciendo la probabilidad de una descarga eléctrica a través del cuerpo. No cualquier bota sirve en estas condiciones: es vital revisar que el calzado cumpla con normas específicas para trabajo dieléctrico.

4.2. Botas antipunzón, alta temperatura y otras especializadas

En entornos con riesgo de perforación desde el piso, las botas antipunzón incluyen una entresuela especial que ayuda a evitar que clavos, vidrios u otros objetos atraviesen la suela. En escenarios de altas temperaturas, soldadura o trabajo con chispas, se requieren botas que resistan el calor y ofrezcan protección adicional en la capellada y la suela. Además, existen calzados diseñados para resistencia química, hidrocarburos, resbalones o condiciones muy específicas de la industria. La clave es que no existe un único tipo de bota que sirva para todo.

 


 

5. Calzado de seguridad según la labor: no todos los puestos necesitan lo mismo

5.1. Diferencias entre industria, logística, construcción y conducción

Cada tipo de actividad trae riesgos diferentes. En la industria, puede haber combinación de impactos, químicos, aceite y superficies resbalosas. En logística y bodega, hay movimiento constante, manipulación de carga, estibas y montacargas. En construcción, las superficies irregulares, alturas y elementos punzantes son comunes. En labores de mensajería y conducción, el calzado debe permitir buena movilidad, agarre y comodidad, sin dejar de proteger de impactos y terrenos cambiantes. Pretender que una sola referencia de bota cubra todos estos casos suele ser un error.

5.2. Mapear los riesgos del puesto para elegir la bota correcta

Antes de elegir calzado, es fundamental identificar los riesgos reales del puesto de trabajo. Esto implica revisar el entorno, las tareas, las herramientas, las sustancias presentes y los movimientos del trabajador. A partir de ese análisis, se puede decidir si se requiere puntera de seguridad, suela antideslizante, propiedad dieléctrica, entresuela antipunzón, resistencia a hidrocarburos, protección al calor, entre otros. Elegir primero la bota y luego “ver dónde la acomodamos” es ir al revés; lo correcto es entender el riesgo y, a partir de ahí, seleccionar el calzado.

 


 

6. Errores más comunes al elegir botas de seguridad

6.1. Elegir solo por precio, diseño o color

Uno de los errores más frecuentes es que la decisión se tome pensando casi exclusivamente en el precio. Se elige la opción más económica sin revisar si realmente responde al riesgo de la tarea. Otros se dejan llevar por el diseño o el color, pensando en que “combine” con el uniforme o que se vea más estética. Si bien el diseño importa para la aceptación del usuario, no puede estar por encima de la función principal: proteger el pie. El calzado más barato que no protege, termina saliendo caro cuando se presenta un accidente.

6.2. Cuando “que combine” pesa más que la protección

También es común que, a nivel individual, el trabajador prefiera usar calzado deportivo o informal porque se ve “mejor”, o cambiar la bota asignada por otra que le guste más. Aquí es clave reforzar la idea de que el calzado de seguridad no se elige como si fuera un zapato casual; se elige como un equipo de protección personal. Que sea cómodo y estéticamente aceptable es importante, pero nunca debe sacrificar las características de seguridad que el puesto requiere.

 


 

7. Consecuencias de una mala elección de calzado de seguridad

7.1. Accidentes evitables que se vuelven lesiones reales

Una bota que no protege contra el riesgo específico abre la puerta a accidentes que podrían haberse evitado. Un impacto fuerte en un pie sin puntera adecuada, una perforación en una suela simple donde debería haber habido entresuela antipunzón, una descarga eléctrica con un calzado que no es dieléctrico, o un resbalón con una suela sin agarre en superficie contaminada, son ejemplos frecuentes. En todos estos casos, el calzado adecuado habría sido una barrera efectiva.

7.2. Impacto en la productividad, el ausentismo y el clima laboral

Cada accidente implica no solo dolor y posible incapacidad para la persona afectada, sino también impacto en la productividad de la empresa, en la carga de trabajo del equipo y en los costos asociados a atención médica y ausentismo. Además, cuando los colaboradores sienten que el EPP que les entregan no es el adecuado, se deteriora la confianza en la gestión de seguridad de la empresa. En cambio, cuando el calzado está bien elegido, se percibe un compromiso real con la protección del trabajador.

 


 

8. Criterios clave para elegir el calzado de seguridad adecuado

8.1. Riesgo, norma y características técnicas

Al escoger calzado de seguridad, el primer criterio debe ser el riesgo del puesto. A partir de ahí se revisan las normas técnicas que debe cumplir el calzado y las propiedades específicas: tipo de puntera, tipo de suela, resistencia a hidrocarburos, características dieléctricas o antiestáticas, protección al calor, etc. No basta con que diga “bota de seguridad”; es importante leer la ficha técnica, entender qué riesgos cubre y asegurarse de que encaje con la realidad del trabajo.

8.2. Talla, ergonomía y comodidad para jornadas largas

La seguridad no está peleada con la comodidad. Una bota muy pesada, rígida o de talla inadecuada puede terminar generando molestias, fatiga y resistencia a su uso. Por eso, además de lo técnico, es fundamental considerar la ergonomía, el ajuste y el confort. Un calzado que protege y además se siente cómodo durante la jornada es más fácil de usar de forma permanente, y eso garantiza que la protección esté realmente presente cuando se necesita.

 


 

9. El rol de la empresa: dotación responsable y cultura de uso

9.1. Dotar por cumplir vs dotar para cuidar

La empresa tiene una responsabilidad directa en la selección y entrega del calzado de seguridad. Dotar “para cumplir” implica comprar lo mínimo y entregar sin mayor explicación. Dotar “para cuidar” significa analizar riesgos, elegir modelos apropiados, trabajar con proveedores confiables y asegurarse de que el calzado realmente responda a lo que cada área necesita. Esta diferencia se nota en las cifras de accidentes y en la percepción que el personal tiene sobre la cultura de seguridad de la organización.

9.2. Formación y sensibilización sobre el uso del calzado

No basta con entregar las botas; también hay que explicar por qué esas botas, qué tipo de riesgos cubren, cómo deben usarse y cómo cuidarlas. Las charlas de inducción, las capacitaciones de SST y los mensajes internos son buenas oportunidades para recordar que el calzado de seguridad es una medida concreta para proteger la integridad del trabajador, no un capricho ni una imposición sin sentido.

 


 

10. El rol del colaborador: usar bien el calzado que se le entrega

10.1. No modificar, ni cambiar por calzado informal

El trabajador también tiene una parte importante en esta ecuación. Si se le asigna un calzado de seguridad específico, no debería cambiarlo por un zapato informal, ni modificarlo (por ejemplo, quitando la plantilla, recortando partes o abriendo la puntera). Cualquier cambio puede afectar las características de protección y hacer que la bota ya no cumpla su función. Usar correctamente el EPP forma parte de la responsabilidad individual frente a la seguridad propia y del equipo.

10.2. Cuidado básico y reporte de daños

Además, el colaborador puede apoyar reportando cuando el calzado ya está muy desgastado, cuando la suela pierde agarre o cuando hay daños visibles que comprometen la seguridad. También puede implementar una rutina básica de limpieza y cuidado para que las botas duren más y se mantengan en buen estado. Así, empresa y trabajador se convierten en aliados en el objetivo común de reducir accidentes.

 


 

11. Calzado de seguridad bien elegido = menos accidentes y más confianza

11.1. Cuando la bota se vuelve una verdadera barrera contra el riesgo

Cuando el calzado se elige pensando en el riesgo real, cumple su función: evita lesiones, reduce la gravedad de los impactos y aporta confianza en el día a día. El trabajador sabe que, si se cae una herramienta, si pisa un elemento punzante o si hay contacto con una fuente de energía eléctrica dentro de los parámetros de la bota, tiene una capa de protección adicional cuidando sus pies. Esa sensación de respaldo no es menor; cambia la forma en que la persona se relaciona con su entorno de trabajo.

11.2. Una señal clara del compromiso de la empresa

En última instancia, un calzado de seguridad bien elegido y bien gestionado habla del compromiso real de la empresa con la seguridad y la salud de su gente. No es solo un gasto, es una inversión en prevención, bienestar y continuidad operativa. Ver las botas como una barrera contra accidentes, y no como un requisito más, es un paso importante hacia una cultura de seguridad más sólida y coherente.

 

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